
Me extendió su mano, como queriendo hacerme una pregunta, como queriendo sostener la mia. Al comienzo me pareció que no era el mejor día de todos, que si la suerte estaba echada para él, lo estaría también para miles y miles de niños en esta calle, en Lima, en mi país, en el mundo. Me recorrieron culebritas por el cuerpo y sentí que de un momento a otro me desplomaría en el suelo. tenía un nudo en la garganta al verlos y sin embargo no podía despegar la mirada de sus tristes manitas, de sus rostros ya sin sueños ni esperanzas. Todo se oscurece, creo que me voy a desmayar. Despierto y estoy en casa, tocan la puerta. Era él. No era un sueño. Maldita realidad.